Caminando, jugaba a no pisar las líneas del cemento y miraba las flores de los ciruelos de Av.Larraín. Todo normal.
- Compadre, tenís gamba?, me decía un hueón gordo, de la misma edad que yo, con zapatillas Total 90, esas que habían salido al mercado hace un par de meses.
- Emmm, no, le dije asustado por haber interrumpido mi juego y porque ahora veía otro tipo, más alto, que tenía un choco hecho de agua oxigenada.
- Ya, pasando el celular conchetumadre.
Un frío de mierda tenía en mi interior, mezclado con el redoble de tambores que sentía en el corazón. Me llamaba a viajar al pasado, a los diez años, donde confiándome de los lugares públicos terminé pasándole la bicicleta de navidad a otro hueón.
- No tengo celular, le dije tartamudeando.
- Pásame la chaqueta entonces.
Me había olvidado de todo, de que estaba en octavo básico, que había ganado Gonzalez a Roddick y que mi tío tenía su librería móvil en mi colegio. Era miércoles.
Se me olvidó todo por diez segundos.
Hoy no se me olvidó nada, pero recordé con exactitud el momento en que le pasaba la parka al hueón ese.
- "Pásame las sopaipillas o pasaí las hueás". Le decían al Jean.
Ahí me olvidé de las buenas imágenes de la Exposición Fotográfica de Prensa del 2007 que había visto en la Estación Mapocho hace diez minutos.
Menos mal que no lo(nos) cogotearon, pero nos esperaban en el puente Cal y Canto ahora cuatro hueones, y como en el programa "La Ruta de la Seda" que daban en el TVN, caminamos caleta, descubriendo en cada paso una reflexión sobre la sociedad de hoy. Nuestro destino, ahora, era buscar la estación Patronato. Un viento de mierda casi hace botar el almacén ambulante de la señora de los churros y la mostaza de mis sopaipillas caminaba por mi mano a las tres de la tarde.
Terminamos cagados de la risa.
Después cachamos lo mierda que fué el hueón en, literalmente, "cogotear por sopaipillas".
También cachamos que con educación se puede lograr el desarrollo social, un poco obvio, no?.

