Varias personas y también los comentarios de la columna anterior, me hicieron saber su opinión acerca de lo ocurrido. Lo cual, gracias a sus puntos de vista se desprende la segunda parte de esta historia.
- Pablo... hola, tienes a las 10:30 reunión en Rectoría -me dijo la secretaria de Franklinstein.
- Ummm, dale, gracias.
Hacía más frío que la chucha y el aserrín se pegaba al zapato. Toqué el timbre, abrí la puerta de Rectoría y una calefacción tan agradable con olor a café salió por el pasillo.
- Sr. Flores, pase porfavor -me dijo.
- Padre, quería pedirle disculpas, no sabía que un discurso hecho en lenguaje causara tanta polémica.
- Qué discurso, ¿de eso quieres hablar conmigo?.
- Yo no quiero hablar con usted, me pidieron venir acá por lo del discurso.
- Que yo sepa no he sabido nada de un discurso hecho por tí -me dijo. Ahora se le formaba la carita de msn de confusión.
Abrí mi cuaderno de Humanista, llegué a la página con el discurso en borrador mientras servía un café con galletas. Se sentó en su escritorio, ese que atrás se encuentra el retrato pintado de Luis Campino. Frente al Rector y al retrato del primer rector de mi colegio, le leí el discurso en la cara.
Quedó pá la cagá.
- Emmmm, yo creo que si hubieras dicho ese discurso te respondería en público y sería peor para tí. Por eso creo que no deberías haberlo dicho. Este es un colegio donde se le enseña al alumno a tener valores de liderazgo y creo que es buena manera creando instancias de conversación como esta... pero a ver, discutamos todos los puntos que mencionas -me dijo en un tono muy sereno, pero con una amargura escondida por haber reflejado la visión que tenía la Media del Rector.
Llegamos, después de discutir casi una hora, a la parte que decía: "Creo que hay que acercarse al alumnado, y por qué no, tomarse un recreo con la Media, que para ser objetivo, tiene una buena imagen de usted, pero ausente.."
- Es así, en la Media lo ven como una persona ausente -le dije ya mas relajado.
- Nunca que querido tener preferencia con grupos de personas, me gusta hacer las cosas calladito, sin figurar -me decía, con una voz de rector y una amargura que no lo quería demostrar
Saliendo de la oficina le dije:
- Padre, algo me gustaría de Usted aunque sea una vez, y antes de salir de cuarto medio, por una vez... me gustaría verlo afuera en el recreo. Sólo quince minutos, nada más, quince minutos en que hable con sus alumnos, en especial con mi curso. Estamos en la entrada de las salas de Pre-Básica.
- Ummm, lo veo difícil, no lo haré hoy.
Volví a la clase de Geografía, salí a recreo y antes que me sentara en la entrada de las salas de Pre-Básica, estaba
Don José Agustín Tapia, el mismo rector, que ahora, hablaba con los alumnos de su colegio.
Muchos se sorprendieron.
Yo también.