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lunes, 19 de mayo de 2008

Pásame las sopaipillas hueón, no tengo educación

Iba bajándome en Tobalaba de la micro "dosonce", había pagado $110 y todavía tenía el boleto verde en el bolsillo.

Caminando, jugaba a no pisar las líneas del cemento y miraba las flores de los ciruelos de Av.Larraín. Todo normal.

- Compadre, tenís gamba?, me decía un hueón gordo, de la misma edad que yo, con zapatillas Total 90, esas que habían salido al mercado hace un par de meses.

- Emmm, no, le dije asustado por haber interrumpido mi juego y porque ahora veía otro tipo, más alto, que tenía un choco hecho de agua oxigenada.

- Ya, pasando el celular conchetumadre.

Un frío de mierda tenía en mi interior, mezclado con el redoble de tambores que sentía en el corazón. Me llamaba a viajar al pasado, a los diez años, donde confiándome de los lugares públicos terminé pasándole la bicicleta de navidad a otro hueón.

- No tengo celular, le dije tartamudeando.

- Pásame la chaqueta entonces.

Me había olvidado de todo, de que estaba en octavo básico, que había ganado Gonzalez a Roddick y que mi tío tenía su librería móvil en mi colegio. Era miércoles.

Se me olvidó todo por diez segundos.


Hoy no se me olvidó nada, pero recordé con exactitud el momento en que le pasaba la parka al hueón ese.

- "Pásame las sopaipillas o pasaí las hueás". Le decían al Jean.
Ahí me olvidé de las buenas imágenes de la Exposición Fotográfica de Prensa del 2007 que había visto en la Estación Mapocho hace diez minutos.

Menos mal que no lo(nos) cogotearon, pero nos esperaban en el puente Cal y Canto ahora cuatro hueones, y como en el programa "La Ruta de la Seda" que daban en el TVN, caminamos caleta, descubriendo en cada paso una reflexión sobre la sociedad de hoy. Nuestro destino, ahora, era buscar la estación Patronato. Un viento de mierda casi hace botar el almacén ambulante de la señora de los churros y la mostaza de mis sopaipillas caminaba por mi mano a las tres de la tarde.

Terminamos cagados de la risa.

Después cachamos lo mierda que fué el hueón en, literalmente, "cogotear por sopaipillas".

También cachamos que con educación se puede lograr el desarrollo social, un poco obvio, no?.




miércoles, 16 de abril de 2008

Llanchid, un viaje a lo profundo.


Imagina que te levantan a las 6 de la mañana, tu padre se fué hace un par de horas a trabajar y sientes ese olor a pan amasado mezclado con humedad y leña. La ventana de tu pieza está empañada y tratas de dibujar uno de los tantos hombrecitos de palo sobre el vidrio que tan bien te salen. De pronto te das cuenta, gracias al hombrecito de palo que recién dibujaste, de una lluvia intensa seguido de ese viento que silba al pasar por el techo de tu casa. No te importa. Tomas el desayuno, sólo ves la chimenea que está cerca de esa alfombra en la que tanto te gusta estudiar Historia. Tienes televisión pero sabes que no puedes encenderla. Se escucha un chiflido que pasa después a un grito que canta tu nombre. Se escucha desde afuera. Te ponen rápidamente un chaleco salvavidas, pero no te impresiona, lo ves como parte de la rutina. Sales con un beso de tu madre y el frío te invade por el espacio que dejaste entre el pasamontañas y el chaleco. Sin decir ni una sola palabra te diriges a la voz que siempre has sabido de quien es. Caminas por las mismas rocas que te ayudan a entrar a la lancha que lleva a tu escuela. Son dos horas en la que estás sentado. No te importa. Sale ese sol que no calienta, pero te ayuda a creer que ya no hay 3 grados bajo cero. Se hace un poco estrecha la lancha... pero te da calor, un calor humano de 28 niños igual que tú, que quieren llegar a la escuela para tomar denuevo desayuno y comenzar la clase de matemática.


Llegué a las una y media a Matucana 100. Estaba cerrado pero abrían a las dos, asi que decidí entrar a la Biblioteca de Santiago para hacermelas del estudiante picado a cultura que no escucha reggaeton en la entrada de la biblioteca.

Por qué un hueón debería estar escuchando reggaeton en la entrada de una biblioteca?

El lugar es perfecto para relajarse y no hacer nada. Es un espacio muy amplio el que te dá la biblioteca para hacer cualquier hueá, hasta rayar las murallas para hacer recordar que el bulla es un sentimiento y el ablo es el eterno campeón.

Entré para ver lo que había y quedé pegado media hora en el viaje en lancha que diariamente realizan los niños de la Escuela Candelaria de Isla Llanchid a través de una exposición fotográfica.

La mirada plasmada en las fotos de Rodrigo López Porcile son espectaculares. Te lleva a transportar a esa isla en que la educación se transforma en una odisea con lluvias interminables y los precarios recursos para llegar a la sala de clases para un país a puertas del desarrollo. A través de esos factores empieza un juego que da al espectador el reflejo de la tradición del sur chileno para ver así detalles que uno no logra observar en la TV.

En realidad es una muestra impactante del sentimiento con que enfrentan su destino quienes viven en lo profundo.

Súper interesanting oie!

Desde el 4 de Marzo. Sala de exposición piso 1, Edificio de Extensión Cultural.