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domingo, 6 de abril de 2008

Gonzalo Pineda

Ojalá no tuviera que cerrar los ojos y recordar.

Ojalá no tuviera que pensar en tí cada vez que el pecho se me anuda por respirar la soledad.

Ojalá sonara en este momento el teléfono y preguntaras si queremos ir a alguna feria del libro donde me saludará uno de esos viejos amigos tuyos con camisa afuera y colonia Flaño. Iría sin pensarlo dos veces para preguntarte qué hacías a mi edad.

Te juro que quisiera, al leer el diario, que me gritaras que no debo leer tan cerca de las letras.

Quiero sentir ahora el olor a humedad de tu casa en la calle Guémes.

Te juro que te extraño, aunque nunca te dije "te quiero".

Pediría a Dios sentir ese nerviosismo cuando me pedías buscar el lápiz Bic que nunca aparecía y que hacía aparecer tu olvido por donde estaban las cosas.

Pediría a Dios que estuvieras sentado en el sillón de mi casa para que me escucharas en el Piano, lo que nunca hice por verguenza y presión de pendejo.

Juro que no le diría a nadie en este mundo si lograra a volver al pasado y verte soplando los 80 años en una casa de reposo en Pedro de Valdivia escuchando el Piano que nunca alcanzé a tocar porque siempre pensé que habría otra oportunidad.

Te prometo que no sabía que nunca más te ibas a levantar de la cama, y que te perdías en tus pensamientos.

Ojalá que no pienses que nunca te fuí a ver porque me olvidé de tí, simplemente quería quedarme con el Chopo que me gritaba "Mecheclavo!, traeme el Mercurio".

Nunca pense en que un día me iba a despertar mi mamá, para despedirme de tí.

Nunca pensé que te iba a llevar, tu acostado y yo de pie, desde el altar hasta el auto del Hogar de Cristo y que iba a tener ese peso de nunca haberte tocado Piano, ni tampoco decirte gracias por habermelo regalado.

Nunca pense en que terminaría de escribir llorando.

Gonzalo Pineda Andueza
5 de Noviembre 1925 / 7 de abril de 2007







Y ojalá que cuando mires a tu alrededor
simplemente, te presenten a gardel,
que el señor te dé su mano,
y a través de él, te enteres,
que tus nietos crecen bien,
Y ojalá que en el momento de adiós,
me recuerdes como te recuerdo yo.